
Me estuve acordando hoy del primer día que fui a teatro. No sé cómo me animé. Es que tenía demasiadas ganas. No concía a nadie. Eramos un montón, algunos chicos eran nuevos como yo, otros ya habían estado el año anterior (eso me asustó un poco). Los de antes eran unos capos, entendían enseguida lo que había que hacer, no tenían vergüenza. Yo la primera vez que tuve que hablar - ¡era solamente decir mi nombre! - sentí que me faltaba el aire. Silvia (la profe) me hizo repetir lo que había dicho (ueee, todos me miraban....), tragué saliva y me esforcé para que se me escuchara. Pero a pesar de mi miedo a hacer macana, a quedar en ridículo, a la posibilidad de tener que jugar con alguna chica (¡o chico!) que no conocía, ese día me fuí re feliz a casa. Había entrado a un nuevo mundo, y todo me parecía fascinante. Ya en casa repasé mentalmente una a una todas las actividades que habíamos hecho. La próxima vez estaría mejor preparada. ¡Pero todavía faltaba una interminable semana!
re lindo silvia ;)
ResponderEliminar